Con redoble de tambor y paso firme
van todos en profesión entorno a la imagen
que llevan a hombros los costaleros,
entregados creyentes
orgullosos de su hermandad,
católicos de nacimiento
y creyentes por convencimiento
que viven con sentimiento la liturgia.
Sufriendo desde la abnegación
con el peso de la fe sobre sus hombros
y reviviendo con amor la pasión de Cristo,
llorando en silencio por la muerte del hombre
e hijo de Dios
crucificado por los pecados de todos,
rindiéndole tributo en Semana Santa
recordando el dolor que el Señor sufrió
en cada uno de los pasos.
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